PALERMO, EL PROTAGONISTA

La Selección sufrió para ganarle 2-1 a Perú. Su rendimiento fue tan horrible como el clima lluvioso que acompañó el segundo tiempo. El agónico empate de la visita hundía al elenco de Maradona. Pero en la cancha estaba él. Estaba Palermo. Y cuando Palermo está presente nunca está dicha la última palabra.
A pesar de los cambios en la formación inicial, Argentina no mostró una cara distinta a la de su opaco andar en las Eliminatorias. El arranque parecía prometedor con mucho ímpetu para llevarse por delante a Perú y alguna muestra de una posible buena sociedad ente Messi y Aimar y el desborde de Di María por la izquierda. Pero todo fue un espejismo. La Selección acorraló a su rival pero pocas veces pudo generarle peligro. Un mano a mano que Higuaín remató sin precisión y que así y todo requirió del esfuerzo del arquero Butrón; otra del ex River que conectó mal con el pie un centro y un tiro de Messi desde afuera del área que se fue cerca. Poco. Nada para un equipo que tenía la imperiosa necesidad de ganar. Los nervios fueron ganando terreno junto con el correr de los minutos y el primer tiempo terminó en cero.

La segunda mitad arrancó con un remate de Vargas que pegó en el travesaño. Pintaba negro el panorama para Argentina. Pero se iluminó Aimar en su única aparición trascendente del partido y le metió un gran pase al área a Higuain que definió cruzado para poner el 1-0. Se preveía que se podía allanar el camino a la victoria. Pero con esta Selección nacional nada se puede prever. Perú, el peor representativo de las Eliminatorias, el que no había sumado ningún punto de visitante marcando solo dos goles, dominó todo el trámite de allí en adelante. El equipo de Maradona perdió la pelota y ganó en desesperación. El rival creció aún más y tuvo varias chances para igualar. Y al final lo consiguió. Regifo cabeceó en el área ante la atónica mirada de la defensa y tras otro error de principiantes, imperdonable y reiterado, más allá de los nombres, en futbolistas de esta selección: no achicar cuando la pelota sale y así habilitar a quien merodee el arco propio. Parecía historia sentenciada. Sudáfrica se veía más lejos que nunca: Argentina estaba afuera. Pero apareció él. Un tocado. Un elegido. Apareció Palermo.
Palermo tiene una virtud que nadie tiene en el fútbol mundial: ser el muchachito de la película. El de los goles épicos, imposibles. El que más páginas gloriosas, insospechadas de antemano, escribe. Martín Palermo siempre es protagonista, es el que pasa de actor de reparto a quedarse con la mejor secuencia del film. Su gol revivió a la Selección y la dejó cuarta, clasificando al Mundial. Pero a no engañarse: jugando así el miércoles, está más afuera que adentro.

3 comentarios:

budin dijo...

Como dije por algún otro lado... este Palermo es un GRANDE.

Por otro lado, como bien señalás, pensé que Aimar iba a dejar "algo más"... de todos modos, una para el lado de la justicia!!! (:

Besitos, Sr! Y que la fuerza nos acompañe el miércoles!!!

Esteban dL dijo...

Se lo merece. A pesar de que a veces lo he puteado (en el 99', por ej)
pero... se hizo justicia con el.

Anónimo dijo...

Creo que Palermo venía haciendo méritos hace años para tener una oportunidad como esta. Igual me parece muy complicada la clasificación