
En lo que hace en particular a esta, la sexta Copa obtenida en su historia, Boca atravesó algunos vaivenes de lo que supo salir indemne a fuerza de goles o simplemente por una cuestión


El comandante fue Miguel Angel Russo que supo leer que
podía transmitirle a un grupo de futbolistas que se conocen de memoria. Soltó el equipo, lo dejó jugar, le dio todo el respaldo a Riquelme aunque él pasara a segundo plano (algo que otros no hubiesen permitido) y le imprimió algunos sellos propios como la inclusión de Caranta y el armado del mediocampo por citar solo dos, tal vez los más destacados.
No queda otra que rendirse ante la evidencia. Boca, al margen del algún período de relax, es el rey de Sudamérica. Lleva tatuada la tan famosa “mística copera” esa que torna a quienes la poseen casi de indestructibles. Y para desgracia de los que no somos sus hinchas hace ya un tiempo que no necesita de un tal Carlos Bianchi sentado en el banco de suplentes.
No queda otra que rendirse ante la evidencia. Boca, al margen del algún período de relax, es el rey de Sudamérica. Lleva tatuada la tan famosa “mística copera” esa que torna a quienes la poseen casi de indestructibles. Y para desgracia de los que no somos sus hinchas hace ya un tiempo que no necesita de un tal Carlos Bianchi sentado en el banco de suplentes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario